domingo, 2 de septiembre de 2012

Depply Damian Capitulo 3: DESESPERADO



Mi corazón comenzó a palpitar como si lo estuvieran taladrando, no quería admitirlo pero tenía miedo, mi cabeza se quería caer. Instintivamente me levante de la cama y me puse de pie; gran error. Mi vista se nublo, y no podía pensar en nada. Lo único que podía pensar era. Soy un idiota, me deben de haber visto por la ciudad. Los directivos no son nada llamativos y se mezclan con la noche, además que de que seguro yo había estado gritando.

A mi mente llegó la idea de ir a ver quien era, que estúpido sonaba eso. Como si fuera a ser un vecino ó mi tío. Mi tío. Como no se me había ocurrido antes, mi tío vivía a cuatro casas de la nuestra, si lograba escapar de aquí, podría suplicarle que me ocultara. No se como era capaz siquiera de pensar en eso, no es que mi tío sea un amargado o algo así. Al contrario, es una de las personas más nobles y abnegadas que conozco. Por eso no podía ni siquiera saludarlo sin sentir vergüenza por todo lo que le había dicho. Entonces decidí que eso ahora no importaba y que además él no tenía que enterarse de que estaba allí. De todos modos todos me creen muerto, así que debería actuar como uno.

Me había quedado completamente inmóvil allí donde estaba. Me pude haber quedado allí durante horas pensando en lo que haría, si no fuera por que oí gritos y ladridos debajo de mi habitación. De seguro habían traído a los Sabornos. Sentí un escalofrío sin saber porque. Entonces decidí ponerme en acción. Me apresure a salir de allí. Sabía que probablemente nunca regresaría, así que tome lo más importante para mí. La nota amenazante y el sobre sin abrir, la mochila y mi capa de tempano. Metí todo dentro de la mochila tratando de hacer el menor ruido posible, y me dirigí al cuarto de mi mama y hermana. Allí busque entre los cajones y saque una cámara de fotos algo antigua, un collar de Estanjo y la muñeca de hilo de mi hermana. Todo iba dentro de la mochila. Entonces salí tratando de poner mi cabeza en orden, y dando una vuelta para calmarme me maree, entonces buscando como salir. Bingo. El tragaluz de mi padre, allí antes había una puerta que subía hacía su estudio, al morir el, la cerramos y al igual que muchas cosas. Lo olvidamos.

Empecé a oír como se rompían cristales y esperé que no hubieran roto el jarrón de mi mama donde guardaba su dinero especial. Entonces me concentre en escapar antes de que alguien subiera al tercer piso, de pronto recordé la escalera de metal que guardábamos para emergencias, lastima que estaba en el segundo piso, en la bodega. Entonces me arriesgue, entre a mi cuarto y agarre una de mis muchas mochilas y la llené de metales que tenía guardados, quedo pesada. En el cuarto de mi madre había una ventana hacía la calle por lo cual arrastre la mochila hacía allá y la abrí. El sol de la madrugada me daba en la cara, entonces con todas mis fuerzas tire la mochila a la calle, esperando que todos los Directivos salieran. El estruendo que causó fue tal que incluso me dolió mi oído. Oí como todos los que estaban dentro de mi casa gritaban y salían. Tenía solo unos cuantos segundos antes de que volvieran y subieran al techo

Rompí la puerta de cristal y baje las escaleras de madera con desesperación y entre todas las baratijas que había en la bodega resaltaba un pequeño rectángulo de color platino, me apresure a tomarlo, entonces decidí aprovechar el mayor tiempo posible, empecé a cubrir la puerta con las cosas más pesadas cuando oí como la puerta de abajo se abría. Entonces tomé una pequeña botella de liquido amarillo, la destape y mientras subía por las escaleras la iba rociando en los escalones. Llegando a la puerta de cristal rota y viendo como se empujaba la puerta del segundo piso, abrí el rectángulo de platino y en cuestión de un parpadeo creció y se convirtió en una escalera de soga. La arrojé hacia el tragaluz y se rompió el cristal en muchos pedazos, trepe justo cuando la puerta de abajo se abría, creía que mis pies no podían ir más rápido. Los Directivos vestidos de Negro y rojo se iban resbalando con el líquido amarillo, cuando llegue a la cima tome un pedazo de material gris grumoso y lo arroje a la escalera de madera. Al mismo tiempo que tiraba la escalera soga. Entonces todo se prendió en llamas.

El liquido amarillo era gasolina y el pedazo gris era como un fosforo pero más potente. Pude oír los gritos de los que estaban en la escalera, sabía que ellos estaban quemándose. Entonces corrí a través del techo. Mire de reojo el estudio de mi padre, no había entrado allí desde que tenía 3 ó 4 años. Me dolió mi pecho, puede que de nostalgia. Entonces llegue al borde donde pude ver exactamente a cuatro casas estaba una casa que sobresalía en el vecindario una casa de 7 x 7 con 4 pisos de altura y un sótano bastante grande, entonces me decidí y salte de mi techo al de la Señora Smythe y corrí de nuevo, no había mucha distancia ya que las casas estaban relativamente pegadas y la nuestra y la de la Señora Smythe eran de la misma altura. Mi respiración estaba muy agitada. Lo único que podía pensar era que quería volar para llegar a la casa de mi tío, bueno si de deseos se hablara, desearía estar lejos de aquí. No. Mi mente y mi cuerpo están demasiado dañados como para que mereciera seguir vivo. Mejor desearía estar muerto. ¿Pero la muerte realmente me quitaría lo dañado?

La azotea de la señora Smythe, no se porque se me hiso enorme, tanto que cuando llegue al borde, considere sentarme y rendirme. No se porque demonios quería seguir vivo pero aun así mis pies no se detuvieron, era como si el miedo fuera más grande que las ganas de morir. Demonios. Había olvidado por completo que la Señora Smythe tenía un jardín de cebalios, que medía casi metro y medio. No sabía que hacer. Mi primera instancia era llorar y dejar que Los Directivos me atraparan. Maldita sea, mi mente solo se preocupaba por hallar alguna manera de escapar. Y dejar todo y a todos atrás. En mi desesperación buscando algo, me tropecé con un alambre de tensión que era casi invisible y servía para que los ladrones no salieran ó cayeran de cabeza en el concreto. Lo irónico es que un ladrón lo hubiera previsto. Yo no.

Sentí como si un montón de agujas se me clavaran. Me di por muerto. Vaya que soy una persona derrotista. Lamentablemente seguía vivo. Solo me había estrellado contra el Plexi-Glass del jardín. Supongo que la señora Smythe es más inteligente de lo que creí. Si un ladrón caía del techo, ella no quería que cayera en su preciado jardín. No se como pero me levante, mas acalambrado que dolido y corrí por encima del vidrio. Al llegar al muro del señor Putentit. Lo trepe con demasiada facilidad, desde niño he sido bueno trepando y escondiéndome. El techo del Putentit era relativamente más corto que el mio y el de la Señora Smythe, así que corrí lo más rápido que pude, al ver la separación entre ese techo y el de mi vecina que no se como se llamé, no me detuve, al llegar al borde me impulsé y salte, llegue al techo de mi vecina que tenía dos pisos pero era más grande que el mio, corrí mucho, cuando oí los ladridos de los Sabornos, me sentí perdido. Solamente corrí más fuerte hasta que llegue al muro de mi tío. Era enorme. Dos pisos de alto, unos 5 metros más o menos, no tenía idea de donde se encontraban los Directivos. Busque en la mochila que ya se había ensuciado y entre todas las cosas que llevaba, no tenía nada de supervivencia. Me sentía un tonto. De nuevo. Entonces me pegó de golpe, mis botas.

Las botas que llevaba me llegaban hasta el muslo y vi un pequeño botoncito gris en el talón. Golpee el muro y salieron unas cuchillas del zapato. Hice lo mismo con el otro, las encaje en el muro y me fui trepando de los ladrillos que había medio salidos. Me pareció una eternidad. Supongo que los Directivos habrán ido casa por casa a ver si no había algo sospechoso. De seguro esperaban encontrar un muchacho plaga o un ladrón de 30 años. No esperaban encontrar a un muchacho que había burlado la muerte y de alguna manera sobrevivido el camino a casa.

En el techo de mi tío había un toldo color naranja, y unas cuantas sillas, en las que según recuerdo tomábamos aire cuando había ventiscas sanas de vez en cuando. Eso parecía tan lejano. Y solo había sido hace 3 meses.

También había un telescopio, lo tomé y vi como sacaban a la Señora Smythe todavía en su camisón y su mascara de gas y la arrastraban a un camión. La política del barrio es: “Aquí todos somos cómplices”, si alguien hace algo mal, todos lo pagamos. Eso hace que sienta un poco de remordimiento. Sacudo mi cabeza para despejar mis pensamientos y me halló abriendo la puerta de metal con mi huella del dedo. Soy de los pocos que puede abrir, ya que yo siempre me quedaba encerrado arriba. Dentro llegas a un tipo de ascensor, que tiene los números del 1 al 5 y un botón negro. Mi tío dice que es para emergencias. Nunca lo he visto pulsándolo. Oprimo el piso 2, que es donde hay una bodega y otro ascensor.

La puerta se abre, cuando salgo, veo una habitación casi idéntica a la que tenemos en casa. Ropa apilada en montones, alguna es mía. Juguetes de niños, en cajas con los nombres Damian y Seelyne, mi hermana. Es como si todo el pasado de la familia Ma’Jork estuviera allí. Entonces, no sé que hacer. Me oculto, me confundo con el mobiliario, le imploró a mi tío por ayuda ó me entregó a los Directivos. No, esa ultima por lo menos no. No logre salir de una cabaña putrefacta en el bosque para que yo me rinda. Estando absorto en mis pensamientos, siento como una mano se posa en mi hombro.

-¡Que demonios haces aquí! – Su voz no es despectiva, es más bien desesperada – No se suponía, que llegaras aquí- Que? Habla como si todo estuviera planeado.

Siento mi cara pálida como un fantasma y mi cuerpo rígido. Mi tío Reelben parece notarlo. Así que solo, me deja allí en lo que entra a su cuarto, que esta tras de una puerta de metal.

Mi tío Reelben Ma’Jork es la persona más desinteresada y amable que he conocido. Él es como un modelo-a-seguir de Monopolyta. Él era hermano de mi papá. Ellos se llevaban bastante bien, hasta que mi papá se casó e hiso a un lado a toda su familia. Ya que estos no aceptaban a mi madre. Mi abuela y mi tía según me han dicho todos, no eran diferentes a muchas esposas de hoy en día. Hablaban mal de sus maridos y de sus hijos y de si mismas. Parecía que no tuvieran la más mínima vergüenza en hacer o decir cosas. Claro que en Monopolyta la vergüenza esta sobre-valorada.

Mi tío sale con una caja de metal y una bolsita de tela plateada. Entonces casi me empuja al ascensor. Cuando entramos en el, antes de que oprima un botón, escucho como tocan la puerta de metal de su casa. Él tiene tanta afición al metal como mi mamá al Estanjo. Entonces el me saca de ese ascensor y toda una puerta de madera que esta detrás de unas casas con platos rotos. Siempre creí que esa habitación era un cuarto fúnebre o algo así. Pero no veo nada dentro. Me empuja dentro y me arroja la caja y la bolsita. Tocan de nuevo la puerta, esta vez más violentamente.

-No. No vayas – Mi voz parece una suplica, pero sale demasiado ronca. Son las primeras palabras que pronuncio desde la cabaña. El solo me responde:
-No me buscan a mí, ni tampoco a ti. Espera aquí un momento en lo que me deshago de ellos. Si no vuelvo en 5 minutos abre la caja y haz lo que diga la nota- Entonces me cierra la puerta.

Es aquí cuando mi cabeza empieza a dar vueltas. Si no me buscan a mí, ni a los vecinos. Entonces, ¿que es? Una revisión de rutina, alguien no pago sus impuestos. No sé que pasa. Me quedo allí estático con mi mochila en el piso al igual que todo lo demás. Es como si no estuviera aquí.
Entonces trato de dar un paso atrás y chocó con algo. Trato de ir a un lado y nada. Empujó la puerta y esta atascada. Entonces me empiezo a angustiar. Estoy encerrado en un cuadro en el que apenas quepo yo. No hay nada hacía ningún lado más que muros de concreto. Entonces me quiebro.

No quiero llorar, no debo gritar, no quiero morir, no debo vivir. Me siento en el piso de ese cubículo, deseando que esto sea solo un maldito sueño. Reprimo un grito contra mis rodillas y empiezo a sudar. Siento como si no hubiera aire ahí adentro. Que en cualquier momento las paredes se van a cerrar contra mí. Que me hicieron. Porque de pronto, soy tan desesperado, angustioso y claustrofóbico. No lo se. Pero ya basta de quedarme estático. Es hora de que por fin haga algo de provecho por mí y por los que me rodean. Entonces abro la caja de metal.

Si habían pasado dos minutos ó dos días no me di cuenta. Cuando por fin salí de mi letargo y con manos temblorosas abrí la caja de metal. Todo se desparramo. No veía nada. Así que de nuevo esculque mi mochila y encontré la lámpara solar, no la había probado, a lo mejor estaba descargada. Auch. La luz me encandilo, me talle los ojos y la apunte hacia el piso. Al parecer el piso no era de concreto, era de metal. Como si mi tío hubiera puesto una pared muy delgada en un espacio, para que cupiera un cuerpo humano. Recogí las cosas del piso. Un casquillo de pistola antiquísima, un papel rasposo cual lija, y unas como bolitas duras y brillosas, del tamaño de una canica. Y por supuesto la nota.

Presiona el negro. Abastécete. Viaje largo. Madura. Cuenta hasta 3. Espera a la noche.

Claro. Eso aclara todas mis dudas. En serio, acaso todo esto estaba planeado. Mi muerte, mi resurrección, el Tauronte, la persecución sobre los tejados ó porque Reelben actúa como si lo hubiera esperado. Solo queda esperar hasta la noche y preguntárselo. Un momento. Y como demonios voy a salir de este cuarto asfixiante. Doy un golpe a la pared y una patada. Al parecer se me durmió porque siento toques por toda mi pierna y mi cintura y mi espalda. Todo mi cuerpo recibe descargas eléctricas. Me levanto de golpe y me sacudo todo. Entonces lo veo. Un botón de pánico, ó al menos eso creo que es. Lo presionó con mi bota y se abre la puerta con un chirrido enfadoso. Siento como el aire regresa a mis pulmones. Cuando quiero levantar mi mochila, esta se desgarra. Y todo se desparrama. Lo levanto todo con mis brazos, desde la bolsita de platino, hasta mi capa de tempano y mi cobija térmica. Abro el elevador y veo un Directivo. Muerto. Dé la impresión me dan escalofríos y lo arrastro fuera del elevador dejando un rastro de sangre. Entonces presionó el botón negro. Y bajó a lo inimaginable.

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