jueves, 5 de julio de 2012

Depply Damian Capitulo 1: INCONSCIENTE



Mi cabeza me dolía de una forma que ningún ser humano podría explicar, pero fue ese dolor que me hizo darme cuenta de que seguía vivo, eso y que la luz del sol que penetraba por la vieja ventana a 3 metros de mi, me daba en la cara. Trataba de levantarme pero mis piernas no respondían y me impedían siquiera mover una rodilla. Notaba como el sudor frio caía hacia mi pecho cubierto con una camiseta blanca demasiado sucia para ser blanca, el sudor iba mezclado con tierra y sangre. Sangre, me percate antes de cualquier otra cosa, no recordaba ni pizca de lo que me había hecho llegar a ese cuarto todo desparramado y vacío solamente con una silla de madera demasiado vieja y una cuerda que al parecer era nueva. Mi mente trato de conectar los puntos pero simplemente fue impedida por el inmenso dolor que sentía y no me había dado cuenta de que mi garganta ardía y mi estomago daba golpes en su lugar, debía ya de tener varios días paralizado en aquel cuartucho y debieron de haberme sedado con alguna clase de morfina, no podía más y antes que mi pecho se llenara de angustia, no me importo el dolor de las piernas, con un esfuerzo extra-humano logre levantarme casi cayéndome y dándome cuenta que lo que ahora me dolía menos era la cabeza. Absolutamente todo mi cuerpo punzaba debajo de mi piel, sentía como si millones de hormigas mordieran y retorcieran cada musculo y articulación de mi cuerpo.

En ese momento fue cuando no fui consiente de mis movimientos, sentía todo mi cuerpo vacío, todo dolor que hubiera sentido antes había desaparecido, tanto el dolor como cualquier otra cosa. Mi cabeza, mis piernas, mis brazos, mi espalda y todo lo demás no tenía vida, no era capaz de articular alguna palabra, mi corazón no lo sentía latir, era como si todo dentro de mi estuviera muerto, me quede inmóvil en mi sitio durante algunos minutos que parecían horas, estaba totalmente inconsciente pero de algún modo estaba despierto para presenciar como mi cuerpo había muerto.



Fue hasta un gran rato después que una bocanada de aire entro como una explosión hacia mi pecho, no pude evitar lanzar un gemido que para mi terror no pude escuchar nada, mis ojos los sentí ponerse en blanco cuando mis piernas se doblaron de una manera espantosa, antes de caer en el frio suelo de concreto logre agarrarme de la silla de madera que con el simple toque quedo hecha pedazos, pude sentir como mi corazón y mi circulación pararon por un segundo cuando sentí caerme, sabia que si me caía nunca mas seria capaz de levantarme nunca mas y ese cuartucho de apenas 2x8 metros se convertiría en mi tumba y nunca nadie me encontraría, con todas las fuerzas de mi cuerpo y sin importarme el dolor logre sostenerme de la pared. Me detuve un momento sentía como todos mis músculos se tensaban y mi corazón pareciera que cada que palpitaba me diera un martillazo al pecho, sentía mi sangre tan espesa que se atoraba en mi muñeca para poder dar vuelta, mi respiración era casi nula pero provocaba un gran estruendo en mi cuerpo, mis ojos no podían cerrarse y podía mirar todo sin ver nada, mis piernas parecían muertas y mis brazos parecían estar pegados a la pared de concreto que ya empezaba a calarme en las palmas de mis manos, en ese momento note como una herida que tenia en la pierna comenzaba a abrirse y sacar lo que seria mi sangre, con un tono que nunca en mi vida había visto, note como una herida también se abría en mi espalda y otra mas pequeña en mi brazo izquierdo, en pocos minutos debajo de mi había un charco muy grande de sangre, fue en el momento que mire hacia abajo y vi ese enorme charco de sangre con un color nunca antes visto, en ese preciso momento fue cuando por fin después de 18 años, morí.



Mi muerte no fue realmente rápida fue tal y como había sido planeada lenta y con mucho sufrimiento, la verdad es que ya todo ese dolor que había sentido momentos antes ya no me importaba nada, por que en verdad ya no sentía nada, mi corazón estaba parado, mis venas estaban algunas explotadas y otras cortadas casi brutamente, había muerto con los ojos abiertos, las piernas cerradas y los brazos pegados hacia los costados, estaba en perfecta posición para ser enterrado, mi respiración era entrecortada. Mi respiración. Como era siquiera probable que estuviera muerto y que aun así pudiera respirar, si mi corazón estaba detenido y no sentía mi pecho inflarse ni mi nariz inhalando pero había algo dentro de mi pecho que parecía como si estuviera limpiando todo mi interior.

Tal vez no estaba muerto y solo estaba agonizando, me dije a mi mismo lo cual fue más aterrador ya que podía pensar y razonar, incluso ahora agonizando era mas consiente de lo que hacia que cuando esta vivo. Pude notar como a metro y medio de donde había caído había una botella de pastico llena de un liquido transparente, la verdad no esperaba que fuera agua si no más bien el antídoto a cualquier cosa que se me hubiera metido en mi sistema para matarme y fue en ese momento que me di cuenta de que si hubiera podido razonar un poco y olvidar el dolor por un momento tal vez hubiera alcanzado esa botella y me hubiera salvado. Había sido un idiota. Aunque eso no era sorpresa, ya no importaba ahora que estaba muerto.



Estas muerto, muerto - me repetía en mi mente como si eso fuera a hacerla morir, entre más me decía que estaba muerto menos muerto me sentía y mi terror de estar vivo aumentaba, lo único que me podría aterrar más que estar vivo seria ya estar muerto. La verdad desde pequeño me pregunte que se sentiría estar muerto, no morir en si ya que una persona puede morir de varias formas; de un disparo, en un incendio, aplastado, dentro de una gran depresión o en mi caso envenenado. Ahora que estaba muerto me sentía extrañamente más ligero y todos los sentidos de mi cuerpo habían regresado a su lugar sentía que podía hacer cualquier cosa, pero aun así no podía levantarme de mi lugar. Habían pasado ya varias horas, tal vez días desde que ya no pude estar en pie y mi corazón se detuvo. La verdad no tenía noción del tiempo, ni siquiera de vivo. Lo único que podía hacerme saber el tiempo era la desvencijada ventana que tenía encima de mí, que curiosamente la sentía más cerca que antes, y reflejaba una cálida luz blanca que pegaba en el fondo de mis pies, entonces note que de todos los dolores que había padecido al estar muriendo, había dos que no habían desaparecido; el ardor que sentía en la garganta y los golpes del estomago entonces me percate que si estaba muerto podría hacer que lo que me rodeara sirviera lo que yo necesitaba, entonces grite.
Agua- mi voz sonó por demás ronca y vacía. Espere unos momentos haber que pasaba. Nada. Esperaba tal vez un pequeño querubín bajando a darme una cantimplora de agua fría. Ese pensamiento hizo que mi garganta casi se partiera del calor que sentía. Grite como tonto agua otras dos veces y nada paso. Entonces me percate que a pesar de los días que llevaba muerto, la botella de plástico no había bajado siquiera un centímetro, a pesar de que la luz del sol le diera directamente. Sol. Fue con esta palabra que me confirme que tal vez, tan solo había una posibilidad de que yo estuviera vivo.


A pesar de que mi mente se negaba a creerlo mi cuerpo no podía negarlo, estaba vivo. No sabia realmente si había estado vivo todo el rato o si de verdad había muerto y vuelto a la vida. Lo último es a lo que más me aferraba, ya que ninguna persona es capaz de soportar aquel dolor como el que yo sentía. Así que suponía que, gracias a aquel inmenso dolor había muerto y por alguna circunstancia había vuelto a la vida. Aunque no estaba totalmente de acuerdo con esa solución me di cuenta que era lo más probable ya que según yo estando muerto no sientes nada y no te importa, aunque no tengas nada estas completo. Si bien me sentía tranquilo en mi letargo de creerme muerto la sed y el hambre incontrolable que sentía me traían de nuevo a la realidad.


Después de un rato de estar en una lucha interna, empecé a sentir de nuevo como mis músculos volvían a quejarse, hasta ese momento me percate de que seguía tirado en el frio piso de concreto el cual había tenido mis músculos totalmente dormidos o en el mismo estado de negación que había sentido yo también en mi mente. Poco a poco todo mi cuerpo empezó a despertar y con ello todos los dolores humanos después de haber estado quieto un buen rato. Fue entonces que me dije.



Lo que tenga que ser será- con voz a penas audible que me partió la garganta, y sentí un carraspeado en la garganta que tosí lo cual me hizo gemir de dolor y escupir un poco de lo que ya me temía sangre. Sangre, cayo en mi camisa desgarrada y mugrienta que ya apestaba. Fue entonces que decidí levantarme. Logre a pesar de varios dolores que me jalaban y penetraban la piel, ponerme en cuclillas deteniéndome de la pared de concreto, sentía como si fuera a volver el estomago y con ello mis tripas. Logre levantarme y vi que mis heridas ya estaban cerradas pero con un gran peligro de ser infectadas. La mesa quedaba casi al centro de la habitación, me percate que cuando había estado muriendo no la había visto, ósea que tal vez alguien regreso y la dejo ahí en caso de que despertara para matarme, tal vez con una dosis mas fuerte y directa, o tal vez solo la habían puesto para burlarse de que yo no podría agarrarla. Me convenía cualquiera de las dos opciones. La primera seria una muerte igual de dolorosa solo que esta vez más efectiva y esta vez podría saber realmente que era estar muerto. Y la segunda porque habría logrado burlarme yo de ellos y salir con vida de aquel agujero de perdición. Cuando entre yo y la mesita había solamente un metro de distancia sin nada de donde sujetarme, solamente pensé en mi y en nadie mas.



La distancia entre el muro y la mesita me pareció enorme, hubo un momento en el que creí que caería y nunca sabría que había dentro de aquel líquido, entonces me di cuenta de que si iba a morir iba a hacerlo con dignidad y no quedándome a la mitad de las cosas. En cuanto pude recargarme en la mesita me alegre al saber que era suficientemente resistente para que no se rompiera y no caerme al piso, entonces mi mano derecha se aferro a la botella de plástico de 2 litros y la destapo. Cuando el liquido bajo por mi garganta me sentí aliviado, ni siquiera me di cuenta de que podría ser veneno. No me importaba. El líquido estaba frio, aunque no llevaba mucho cuando decidí que ya no podía más, ya que sabía que si me lo acababa mi cuerpo podría sobresaltarse y caer inconsciente. Era agua, fría y fresca agua potable. Ya mas recuperado me senté en el suelo de concreto, entonces vi un sobre y una nota debajo de la mesita, estire mi mano y los tome ambos. Primero leí la nota, esforzándome para llegar a comprender lo que realmente quería decir. La nota decía lo siguiente:


Hola Damián.

Disfruta de este primer día del final de tu vida.
A menos que quieras hacer algo al respecto. Tu vida acabara. 



El agua cuando pasaba por mi garganta se sentía tan fresca y me recordaba a casa, que en este momento no tenia ni idea de donde quedaba. Luego de beber más de la mitad de la botella mi cuerpo se sentía de una manera demasiado complicada, todo me pesaba y mis piernas parecían de plomo, sentí como mi cabeza quedaba ligera y como casi caía al suelo, tuve que recordarme que no iba a morir, por lo menos hoy. Me senté en el suelo de concreto con la cabeza entre las rodillas y mis manos entrelazadas con mis piernas, quede hecho nudo durante un segundo, sentía como mi corazón latía tan aceleradamente que sentía que se me iba a salir del pecho, me dolía. Me quede algunos momentos en esa posición hasta que por fin logre calmarme.

No sabía si aquello había sido causado por el agua, porque estaba seguro de que era agua natural, o por el sobresalto de haber leído tan confusa nota. La nota. Creo que mi cuerpo no estaba preparado para aquella sorpresiva nota. Lo peor del caso es que la nota venia adjunta a un sobre. Me preocupaba mucho abrir el sobre, no sabía que podría contener, aunque lo más seguro era que contuviera una carta amenazante. Lo que me preocupaba más.

Una vez calmado me puse a analizar las cosas, las que sabía, las que había descubierto y sobre todo las que suponía. Decidí que abrí el sobre en aquella habitación solo provocaría mi ansiedad y no lograría nunca salir de aquel espantoso lugar. En ese momento sentí un ardor en un brazo y una pierna y me di cuenta de nueva cuenta que mis heridas se veían igual de mal que antes, incluso peor y además sentía esta vez más que nunca. Así que decidí que antes de ponerme a planear y analizar, debería de salir de aquel espantoso lugar.

Gire la cabeza dando una vuelta a aquel cuartucho y para mi horror me di cuenta de que no tenía puerta. Sentí una punzada en la cabeza y los ojos en blanco. Debí de recordarme que no estaba muerto y no lo iba a estar en un buen tiempo. Respire profundamente el aire putrefacto de aquel lugar. Entonces vi la diminuta ventana de 1x1.5 metros que estaba a metro y medio por encima de mi cabeza. Sabía que salir de ahí no iba a ser fácil, pero no me imagine que tendría que ser un acróbata para llegar hasta ahí. Obviamente si saltaba mis piernas se iban a romper e iba quedar impotente, entonces vi la mesita de madera sobre la que había estado la botella de agua y el sobre, y vi que era lo suficientemente ancha para que mis dos pies cupieran en ella y ya había comprobado que era resistente. Acerque la mesita hacia el muro donde estaba la ventana y cuando me dispuse a subir, me cuestione si en aquella habitación no habría más cosas dirigidas a mí. La habitación era pequeña, la única luz que le entraba era por la ventanita, se notaba que era antigua, amarillenta y desquebrajada, que con un terremoto se podría caer fácilmente, olía a animal muerto, o tal vez incluso peor a humano en descomposición, aquella idea hizo que mi estomago se revolviera, por fortuna sirvió para calmar mi apetito. Entonces gracias a la leve luz que la ventaba proporcionaba pude ver en un rincón de la habitación un bulto de color negro, mi curiosidad no me advirtió del peligro y fui a revisar. Era una mochila. No era grande, era más bien como de las mochilas que uno solía llevar al bachillerato, negra y con solamente un compartimiento grande y otro pequeño en la parte inferior. Al tomarla me di cuenta que no pesaba mucho, me sentí tentado a abrirla pero de nuevo ordene mis prioridades. Me la colgué del hombro derecho, metí dentro el sobre y me subí a la mesita de madera que rechino al contacto con mi cuerpo. Y entonces decidido a que no moriría próximamente me trepe a la ventana. La distancia entre mis piernas y la cornisa de la ventana me pareció enorme, mis manos se sujetaron de la ventana que no era más que una abertura en el concreto con un marco de madera desgastado y húmedo, me encaje unas astillas, aunque por la madera húmeda no sentí casi nada, parecía como si cada segundo que pasaba pensando en lo siguiente que debía hacer mi cuerpo se debilitara más, hasta que por fin logre tener mi cabeza del otro lado de la ventana.

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